miércoles, 20 de noviembre de 2013

Nigel en Toledo

Asistí a un concierto de órgano en la Iglesia de Santo Tomé de Toledo.
El organista y compositor para obras en órgano, el británico, Nigel (Nigel Allcaot, organista de Oxford y Cambridge)   nos deleitó con improvisaciones y obras de Brahms y Mozart.
Allí estaba yo, al igual que todo el público, de espaldas al púlpito, mirando hacia arriba, lugar donde estaba el órgano, un órgano exquisito, en un espacio excelente para escuchar música.
Mirando a un crucifijo, casi inadvertido, pues pendía de una cuerda desde el techo.
Mis sentidos se vieron aliviados al comprobar la alegría del talento del organista, su confianza, seguridad y armonía transmitida sobre aquel banquito, desde donde colgaban los pies, justo lo necesario para presionar el teclado que se accionaba pulsando con ellos las notas del órgano.
Tiraba de unos émbolos que hacían extraer múltiples matices al instrumento.
Y allí estaba yo, de espaldas al púlpito, mirando hacia arriba, la música, el talento y la habilidad del organista.
Hoy, pensé, creo en Dios.